jueves, 19 de septiembre de 2013

Debido a nuestras raíces

¡Hola queridísimos! 

Aquí les vengo con mi primer fic que escribo como "...Autora..." en Fanfiction.Net; espero les guste y me den sus opiniones. Por ahora les complaceré con dos caps.

Disclaimer: Aquí especifico que los personajes de esta, mi original historia. Le pertenecen a la estupenda mangaka; Takahashi Rumiko.
Debido a nuestras raíces.


Tormenta: Chapter 1

Netamente japoneses pero vividos en Londres desde hacía casi cinco años. Su vestimenta; la típica de aquella ciudad. Cansados de vivir la ley oriental decidieron viajar a Londres por trabajo; su empresa de confecciones de vestidos femeninos había tenido varios inconvenientes y estaba a punto de caer en banca rota debido a las pocas ventas que generaban. Ya las damas preferían viajar y dejar la ropa a un lado. Londres; era su mayor fuente de ingresos y aquella estaba cayendo.
Gracias al empeño que pusieron en levantar su empresa las ventas volvieron a subir y con ella su popularidad. Para celebrar aquel triunfo decidieron hacer un viaje por las medianas aguas de Irlanda. Pero con lo que no contaban era que ese viaje sería el último…

Tate, Gallery, Londres; Altamar. Mayo 10 de 1847, 4:55 am.

El pequeño cuerpo de una azabache de siete años descansaba plácidamente en una de las camas del camarote. Afuera; la lluvia golpeaba las velas y las ventanas de aquel lujoso barco, causando el pánico en los marineros y los dueños de éste.
Sin embargo, la pequeña debido a su sueño no se había percatado de nada.
—¡Tierra firme! —Gritó desesperadamente uno de los marineros que se encontraba en lo alto del árbol de vigilancia del barco.
De un momento a otro, el ambiente se había tornado turbulento. La lluvia era más fuerte, los rayos caían sin cesar y el viento soplaba con venganza. El cielo estaba negro y las aguas totalmente salvajes golpeaban contra las paredes externas del barco.
"Dios, ayúdanos", pensó desesperadamente una mujer de vestido elegante color beige corriendo al camarote de su hija.
—¡Naomi rescata a nuestra hija! —Gritó un hombre de traje corriendo tras de su mujer empapado debido a la fuerte lluvia que arremetía.
La mujer no hizo más que seguir corriendo mientras acababa con los obstáculos a su paso sin que las lágrimas dejaran de salir. Al estar cerca del camarote calló. El barco había girado y con él, el agua anegó todo el lugar.
Adentro; la niña se despertó inmediatamente y sus achocolatados ojos se llenaron de lágrimas al ver el agua entrar por la puerta. Corrió rápidamente hasta allá sin permitir que su largo vestido la deje caer. Su experiencia en la clase alta le había servido de algo por fin.
Abrió dificultosamente la puerta y el agua la golpeo haciendo que su cuerpo cayera y su camarote se llenara de agua permitiéndole a esta nadar. Desde allí vió su barco en ruinas y a sus padres nadando desesperadamente junto a los cuatro marineros que se hallaban sofocados por salvar su vida. Aquel muchacho que estaba en la copa del árbol calló inevitablemente golpeándose en el barco y por consecuencia cayendo al bravo mar.
—¡No! —Gritó su madre desgarradoramente mientras trataba de nadar hacia ella. Pero un intento inútil, cada vez el agua la arrastraba más.
Los ojos de la infante volvieron a llenarse de lágrimas al ver aquella catástrofe que la traumaba y aterraba. La niña empezó a nadar hasta sus padres, sin importarle la fría agua que amenazaba con atacarla con una hipotermia, mientras veía cosas rebalsar y a sus padres perderse entre aquellas. El barco dio otra remecida y los tres últimos marineros se golpearon fuertemente quedando atrapados en las ruinas de este.
La pequeña nadó lo más que pudo perdiéndose en el inmenso mar. De repente, un rayo cayó sobre el barco haciendo que este se hundiera completamente. Ella gritó al enterarse de que en este, estaban su padres.
La lluvia siguió más intensa igual que las fuertes olas que la alejaban cada vez más hasta un punto desconocido para ella. Con sus ojos hinchados y entre sollozos alcanzó a aferrarse a un baúl que contenía joyas familiares. Aunque en ese momento eso no fue tomado en cuenta.
La lluvia; de un momento a otro había parado y las aguas comenzaban a tranquilizarse.
Temblaba y su cuerpo empezaba a perder el poco calor que en ese momento contenía, miró a su alrededor y solo encontró cosas materiales destruidas flotando.
—¿Mamá?, ¿papá? —Preguntó temerosa de quizá un nuevo desastre. Volvió a llamar y no obtuvo respuesta. Entonces recordó en qué lugar se encontraba el barco y sus ojos volvieron a producir lágrimas—, ¡Mamá, papá! —Exclamó dolida sin dejar de llorar aferrándose más a aquel baúl, como si su vida dependiera de ello.
Sus padres habían muerto.
Pero ya no había nada que hacer, estaba sola en el mundo.
De repente todo se puso negro y su cuerpo ya no respondía. Lo último que supo fue que estaba aferrada a ese baúl y todo lo demás ya no importó. No si sus padres ya no vivían.
::::::::::::::::::::::::::
—¿Lo han visto? —Preguntó un indio que parecía ser el reí de la tribu.
—¡Sí! —Respondieron al unisio.
—¿Pues qué rayos esperan?, ¡rescátenle, puede ahogarse! —Ordenó con voz fuerte.
Aquellos hombres de tez morena y escasa ropa corrieron hasta llegar a sus canoas y remar lo más rápido que podían, por suerte la silueta que divisaban no estaba tan lejos de ellos, así que al adentrarse a la mar, se lanzaron nadando hasta aquel frágil cuerpo que se movía en señal de que estaba llorando —así lo dedujeron—, pero de repente, estando a escasos veinte metros de la figura, escucharon gritar un "¡Mamá, papá!", algo que los apresuró y preocupó. Divisaron como esta dejaba de moverse y empezaba a rodarse lentamente del objeto en el que estaba sujeta. Nadaron los dos hombres más rápido hasta llegar al lugar y con su experiencia en el océano, se hundieron tratando de encontrar su cuerpo el cual caía presurosamente dentro del agua.
Con sumo trabajo lograron sacar lo más rápido que pudieron su frío cuerpo. La llevaron nuevamente hasta la orilla en donde una anciana hindú le dio aire y la liberó del agua interna debido a que casi se ahoga.
—Es una niña. —Dijo el rey de la tribu.
—Sí pero es otra niña blanca, no merece nuestra ayuda. —Siseó suspicaz una niña de largos cabellos castaños igual que su mirada. Su edad variaba entre once o doce años, pero se veía y actuaba como una muchacha muy madura. Era la hija del rey de la tribu—, ya los conozco. —Mustió.
Su comportamiento no era bueno, sí. Pero ella; odiaba a los irlandeses. Desde que había sido una inocente niña de cuatro años vió morir a su madre en manos de aquellos monstruos como ella los llamaba. Todo por querer apoderarse de las esmeraldas que había en esa isla.
"Malditos" pensó haciendo un puño en su mano.
El rey frunció el entrecejo ante la egoísta actitud de su hija.
—No digas eso Sango; además —agregó— es una oriental, mira su rostro. —Dijo observando a la niña.
—Pues se parece a mí —protestó— ella no me inspira confianza. —Mintió. Al fondo, no muy al fondo sabía que aquella extraña niña era de buen corazón.
Todos agacharon la mirada incluso el padre de Sango. Su madre, que había sido muerta por los irlandeses era japonesa. Realmente; Sango no sabía mucho de la llegada de su madre a ese lugar ni cómo esque logró arrebatarle el corazón a su padre; lo único que tenía claro era que ella no soportaría a una extraña en su tribu que tal vez, sería una espía de aquellos.
—La adoptaremos y desde hoy será tu hermana. —Anunció el rey—, y no quiero protestas.
—Pero padre. —Protestó Sango—, no estarás diciendo que ella será mi herma…
—¡Silencio Sango! —Ordenó— será tu hermana y punto. Tráiganle ropa y denle de comer cuando despierte.
Todos se inclinaron ante la mirada impotente del rey.
—Lo haremos como usted ordene, Mushin Taita*.—Dijo uno de los hindúes.
El hombre pasó entre ellos y se adentró en la isla.
La niña empezó a toser y Sango la miró preocupada. Una de las ancianas se le acercó, por suerte estaba amaneciendo. Todos se pusieron alrededor de ella mirándola expectativos.
:::::::::::::::::::::::::
Se sentía con el cuerpo pesado y todo le dolía. El frió era insoportable. Sintió la mirada de muchos posarse sobre ella. No pudo hacer más que toser debido al frío y los residuos de agua en su interior. ¿Acaso estaba viva?, ¡No!, eso era imposible. Fue abriendo lentamente los ojos.
Se asustó un poco al ver a personas que en su vida había visto. Pero en especial estaba una castaña mirada parecida a la suya que la veía con un poco de desconfianza. Aquella niña era mayor que ella según deducía.
El recuerdo de sus padres al morir le llenó la mirada de lágrimas.
Vió como aquella castaña frunció el entrecejo y entonces dijo:
—¿Qué rayos sucede acaso nos tienes tanto miedo que llorarás?
—No es eso, mis padres murieron y estoy sola. —Mustió.
La mirada de aquella castaña y bravía niña se perdió en la inmensa tristeza. Aquella niña blanca le recordaba cómo se había sentido cuando su madre murió.
—Lo lamento. —Dijo agachando la mirada—, mucho gusto, soy Sango. Tú hermana. —Anunció algo aturdida.
La niña abrió los ojos sorprendida. ¿Qué había dicho?
—¿Qué dijiste?
—Nosotros te adoptaremos para que no estés sola. —Escuchó la voz de un anciano a sus espaldas. Observó como todos excepto "su hermana", se inclinaron; así que ella hizo lo mismo—. No te preocupes, desde ahora serás mi hija y ellos, —hizo un ademán refiriéndose a sus súbditos— serán quienes se arrodillen ante ti.
La niña no hizo nada más que asentir. No sabía por qué pero algo le decía que esa gente era buena y le darían la protección y el cariño que había perdido de sus padres, a pesar de saber de aquella pérdida, su nueva familia la protegería siempre…
Continuará…

Disclaimer: Aquí especifico que los personajes de esta, mi original historia. Le pertenecen a la estupenda mangaka; Takahashi Rumiko.

Compromiso real: Chapter 2

Gran Bretaña; marzo 16 del 1860. Palacio real, 07:40 am.

—¿Iremos a aventurar otra vez? —Inquirió un joven de azulados ojos.
Su ambarino hermano no hizo más que sonreír dándole a entender que la respuesta era positiva. Siguieron verificando la punta de sus flechas y rieron.
Su casa; el palacio de Gran Bretaña. ¿Qué hacían allí?, esperando a casarse para gobernar como sus padres. Pero no esperaban que fuera tan pronto.
—¡Altezas! —Llamó un sirviente inclinándose—, el rey desea ver a su hijo menor.
El muchacho de negro cabello frunció el ceño y se retiró sin decir palabra. Su hermano mayor lo miró desconcertado pero a la final se encogió de hombros sin tomarle mayor importancia.
:::::::::::::::
—¿Me llamabas padre? —Inquirió frunciendo el ceño.
El fornido rey, no hizo más que seguir mirando por el gran ventanón mientras se tocaba la barbilla. Tenía la mirada perdida en el flequillo, y su cuerpo no se había movido un centímetro desde que su hijo le había hablado. Agachó la mirada y luego sonrió; entonces dejó al descubierto, sus ambarinos ojos iguales a los de su hijo.
—Así es Inuyasha —afirmó sin moverse ni regresar la vista— te he llamado. Siéntate. —Le dijo mirándolo por fin.
Inuyasha, no hizo más que asentir y obedecer. Se miraron intensamente. De repente el ambiente se tornó algo incómodo y desesperante para el joven príncipe. La intensa y severa mirada de su padre se clavó en la suya penetrándolo al punto del dolor. ¿Qué era lo que quería decirle?, ¿acaso había pasado algo con el reino?, o tal vez lo quería "mandar a gobernar a los cerdos" como le sabía decir si seguía aventurando. ¿Qué rayos era?, no lo tenía muy claro.
Lo que sí sabía era que lo que su padre le iba a decir no era nada bueno.
El rey carraspeó y quitó su intimidante mirada —para algunos—, de la de su hijo.
—De acuerdo, ¿qué era lo que querías decirme padre? —Le preguntó con aquella misma expresión de enojo en su rostro.
El rey; inhaló aire reteniéndolo unos segundos en su pecho provocando que este se inflara y empezó a hablar finalmente haciendo que disimuladamente el aire se fuera con las palabras.
—Bien Inuyasha —comenzó—, como sabes hijo ya eres un hombre hecho y derecho de veintidós años y es hora de que sientes cabeza. —Dijo sin dejar de mirarlo. Inuyasha alzó una ceja haciéndole entender a su padre que deseaba una explicación más detallada de lo que acababa de escuchar—, me refiero a que uniremos, nuestros reinos. El del sur y el nuestro, del norte de Irlanda. —Le anunció dejándolo atónito.
—Quieres decir que…
—Quiero decir que te casarás. —Le interrumpió adoptando una postura erguida y autoritaria—, y es mi última palabra. —Agregó con una abrumadora seguridad en sus palabras.
¿Qué rayos había dicho?, ¿él iba a casarse?, no eso definitivamente tenía que ser una broma de su astuto padre. Claro, eso tenía que ser. ¡Una broma!, él no podía casarse, y menos con una princesa que siempre ha visto solo como amiga.
El joven ambarino empezó a reír negando y sin dejar de hacerlo puso una mano en su barbilla. Realmente lo había entendido, era una broma.
El rey frunció el ceño ante la reacción tan estúpida y poco respetuosa de su hijo.
—No puedo creerlo papá —dijo sin dejar de reír—, esque eres tan gracioso…
—¡Cállate Inuyasha! —Le ordenó enojado haciendo que su hijo parara de una vez la risa. Inuyasha lo miró con decisión esta vez acomodándose en el sillón—. La princesa Kikyou vendrá hoy para que se conozcan un poco más. —Le dijo. Inuyasha cortantemente le hizo saber, que no quería casarse con nadie aún—,¿entonces piensas hacerle ese desplante a esa hermosa alteza? —Inquirió levantando una ceja. Inuyasha negó—, entonces no hay nada más que decir. —Le dijo alegre—, te casarás con ella y desde hoy empezará oficialmente su noviazgo. Ya hemos hablado su madre y yo.
—¿Y por qué no haces casar a Miroku que es un mujeriego empedernido? —Era tanto el coraje y la indignación que metió a su hermano en todo ese asunto.
—Porque no simpatizan, y es mi última palabra. —Contestó.
Se rindió, sabía que esa pelea era inútil.
—Está bien padre —accedió—, pero antes me gustaría que me dejaras hacer otra investigación, en las islas hindúes. —Le dijo manteniendo un tono a la defensiva.
El rey lo miró algo desconcertado, pero luego accedió.
—De acuerdo, cuando regreses de tu "investigación" —encomilló con los dedos— te casarás con la princesa. Pero no creas que te irás muy pronto. —Siseo antes de que su hijo sonriera victorioso.
Inuyasha accedió desganado.
"Entonces me retiro padre, con tu permiso", fue lo único que enojada y secamente le dijo a su padre retirándose.
Inuyasha era un príncipe con la fama de poseer a ciertas jovencitas —no a todas— con las que se encaprichaba. Pero jamás se había metido con la honra de ninguna, naturalmente a todas las que había poseído habían sido deshonradas anteriormente. Jamás había jugado con los sentimientos y/u honra de una mujer y mucho menos de una princesa o hija de una duquesa o cosas por el estilo. Era por eso que jamás se le había conocido una novia.
Pero ese día al parecer todo iba a cambiar…
:::::::::::::::::
Estaba mirándose al espejo mientras arreglaba su vestido un poco indecisa. ¿En serio ella se casaría a la fuerza?, ¿sin amarlo?, bah…siempre había visto al príncipe Inuyasha como un buen amigo. No como su futuro esposo. Pero su madre, Mikomi Sánchez De Moncada, siempre se había obstinado en conversar con los padres de su amigo para acordar su casamiento. Aun recordaba con algo de recelo cuando su madre le había dicho que ese día tendría un novio esa mañana.
"—Kikyou querida —le llamó una mujer de rojos y largos cabellos, con mirada obscura intensa y vestida con un largo corsé color rojo—, ven siéntate hija. —La joven no hizo más que fruncir el entrecejo y obedecer a su madre. No la miró cuando se sentó—, querida hemos hablado una vez más con su majestad el rey Taisho y…—paró su discurso mirándola preocupada— te casarás con su hijo menor; el príncipe InuYasha.
Kikyou abrió descomunalmente los ojos y sus mejillas se tiñeron de color carmesí. Su madre estaba loca, ¿cómo se le ocurría casarla a la fuerza con un hombre que no amaba?, y lo peor; se lo decía de una manera tan fresca, era su madre y tenía que respetarla, pero eso era inaudito. Pero a la final lo sabía, su madre era una ambiciosa.
—No lo acepto. —Dijo con el cuerpo temblando por la rabia. Su enrojecimiento era a causa de la impotencia que sentía al no poder oponerse al deseo de su madre—,de ninguna manera, yo no deseo casarme y menos con él, yo no…
—Es mi última palabra; Verónica Kikyou De Moncada Lacouture, y no lo impedirás. —Le dijo levantándose—, mejor ve a cambiarte, hoy tendrás un encuentro oficial en el palacio con tu novio…"
Caminó hasta la sala en donde vió a su madre terminar de maquillarse. Se sentía tan estúpida e interesada que no quería salir de su propia habitación. Miró a su excéntrica mamá con recelo.
—Estoy lista madre. —Dijo secamente sin mirarla.
La mujer estaba colocándose pendientes de oro y miró a su hija, en ese momento frunció el ceño.
—Kikyou, ¿acaso no vas a maquillarte?
—No lo necesito madre, tú siempre has dicho que mi belleza es única. —Sonrió sarcástica y a la vez victoriosa.
Ante aquel comentario, Mikomi se quedó callada y decidió seguirse poniendo los pendientes. Su hija era una estúpida, estaba a punto de casarse con uno de los príncipes más deseados del continente ¿y ella simplemente decía que no lo aceptaba?, tonta mil veces. Además ella deseaba unir sus reinos para cuando los padres de su futuro yerno murieran ella fuera la dueña, gobernante y señora de todo, ya que conociendo a su hija sabía que era capaz de darle el reino entero y ella se quedaría ayudando a los niños y ancianos de la ciudad.
"Jah, mi hija es una cobarde, pobre tonta, pero qué más da, al fin y al cabo yo seré la reina de toda Irlanda y todo se lo debo a ella, a mi adorable hija Kikyou…" pensó sonriendo.
—Vamos querida, tenemos un pequeño viaje que realizar. —Le dijo mientras terminaba de adornar uno de sus falsos rizos rojizos y sonreía.
Kikyou la miró enojada y accedió adoptando posición erguida del brazo de su madre. Sabía bien que estando junto a ella tendría que tener la palabra "postura" muy presente.
:::::::::::::
No paraba de reír, de sus azulados ojos no dejaban de salir lágrimas de pura risa. Tenía ya casi una hora burlándose de su hermano el cual ya estaba perdiendo la poca paciencia que le quedaba.
—¡Ya cállate Miroku, deja de reírte! —estaba ya bastante exasperado.
—Lo siento hermano…esque..yo..ay…—no podía dejar de reír.
Desde que Inuyasha le había contado que su padre lo quería casar a la fuerza, Miroku no había dejado de reírse. Fue entonces cuando Inuyasha decidió que si le decía algo a su hermano; este se callaría de una vez sin rezongar.
Lo planeo bien, aún estaba indeciso en si decirle o no. Pero qué más daba; su tonto hermano ya lo tenía hasta la coronilla. Sonrió maliciosamente y en ese momento todo fue más claro.
—Pero mira que casarte a la fuerza muy pronto será un alto a tu libidinosidad con las mujeres hermanito. —Le dijo sonriendo victorioso. En ese momento; Miroku fulminó a su hermano con la mirada y entonces se cambiaron los papeles. Ahora Inuyasha era quien se burlaba de él—. Si vieras tu cara. —Reía a más no poder.
La ceja de Miroku se movía de un lado a otro de una forma muy graciosa, su hermano era un tonto. Fue en ese momento cuando divisó desde la ventana de la habitación de su hermano; una carrosa elegante que estaba entrando en su reino. Sabía muy bien de quién se trataba. Inuyasha se las iba a pagar muy caras.
—Inuyasha, para de reírte hermano mío porque ahí viene tu novia. —Anunció riendo por lo bajo.
Fue así, inmediatamente la risa de Inuyasha se desvaneció siendo sustituida por una mueca de seriedad.
::::::::::::::
—Alteza. —Le dijo besando su mano.
—Buen día su alteza, príncipe Inuyasha. —Respondió Kikyou con una reverencia.
Haber saludado a su futura suegra había sido especialmente monótono. Cada vez que la reina se presentaba era lo mismo, igual con su hija. Habían sido enviados a pasear por el castillo mientras los reyes conversaban sobre el matrimonio de sus hijos.
"En estos momentos me hace falta mi madre", pensó Inuyasha mientras caminaba junto a su prometida.
—Y…¿qué es lo que más le llama la atención de sus viajes alteza? —Preguntó la joven tratando de entablar una conversación entretenida para romper el incómodo silencio.
Inuyasha meditó un poco, ¿lo que más le gustaba?
—Dormir bajo las estrellas y admirar el paisaje, amo estar en Altamar. —Le respondió con una media sonrisa. Kikyou asintió dulcemente y sonrió—, iré a aventurar con mi hermano antes de nuestro compromiso real.
"Ya veo", pensó Kikyou con una mueca de seriedad en su rostro.
Siguieron paseando mientras conversaban de cosas como sus gustos y disgustos, sus hobbies y postres favoritos; entre otras cosas. Se la estaban pasando agradable, a final de cuentas tendrían que aprender a vivir.
—¿Han sabido algo de la supuesta conspiración en contra de la corona? —Preguntó preocupada, era un tema que afectaba a todos.
—La verdad alteza, mi padre ha acordado hablar con la reina de España sobre este tema, ya que es algo que afecta a los dos países. No sé por qué; pero el capitán "amigo y detective" —encomilló con los dedos— de mi padre, no me cae bien. No simpatizamos.
Kikyou asintió, era verdad. Aquel hombre aparte de siempre haberla mirado con deseo, también la miraba odio. Le parecía un loco, siempre la acosaba, era una de las razones por las que no acostumbraba a ir al palacio de los Taisho De La Vega; aunque ese hombre jamás le hubiera dicho una palabra ofensiva, sentía que este le acosaba y le miraba más de lo normal.
"Solo de pensarlo siento asco", pensó frunciendo el entrecejo.
—¿Entramos? —Sugirió Inuyasha haciendo un ademán en la puerta del palacio.
Kikyou afirmó. Sus padres no hicieron más que mirarlos con una extraña sonrisa y no dijeron una palabra sobre el compromiso. La despedida formal fue la de siempre.
La triste mirada de Kikyou le había impactado. Siempre la había admirado por ser una mujer fuerte, pero ese día lo había impresionado de sobre manera.
Bueno a la final, tal vez estaría igual de ante puesta que él, sobre lo de su boda.
—Te has portado excelente Inuyasha, y podrás aventurar en una semana. —Le dijo satisfecho.
Inuyasha se alegró un poco, agradeció a su padre y prefirió subir hasta su habitación.
:::::::::::::::
—¿En serio? —Inquirió con una sonrisa malvada en el rostro. La infante alvina no hizo más que asentir sin decir palabra. Su vacía mirada se posó en la de su único familiar—. Entonces ve a llamar a mis hombres; en una semana tendrán un pequeño trabajo.
Aquella niña solo se retiró en silencio dejando a su tío solo con sus pensamientos.
"No dejaré que te quedes con lo que me pertenece. Este viaje; será el último altezas" pensó finalmente riendo de manera maquiavélica…
Continuará…

1 comentario: